martes, 9 de junio de 2009

Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.

Burocratismo: Tú tienes 2 vacas. El estado te pierde una, ordeña la otra y luego tira la leche al suelo.

Economía rusa: Tú tienes 2 vacas. Cuentas y tienes 5 vacas. Vuelves a contar y te salen 257 vacas Vuelves a contar y te salen 3 vacas. Dejas de contar vacas y abres otra botella de vodka.

Economía iraquí: Tú no tienes vacas. Nadie cree que no tengas vacas, te bombardean y te invaden el país. Tú sigues sin tener vacas.

Capitalismo moderno (éste es genial): Tú tienes 2 vacas. Vendes 3 de tus vacas a tu empresa que cotiza en bolsa mediante letras de crédito abiertas por tu cuñado en el banco. Luego ejecutas un intercambio de participación de deuda con una oferta general asociada con lo que ya tienes las 4 vacas de vuelta, con exención de impuestos por 5 vacas. La leche que hacen tus 6 vacas es transferida mediante intermediario a una empresa con sede en las Islas Caimán que vuelve a vender los derechos de las 7 vacas a tu compañía. El informe anual afirma que tu tienes 8 vacas con opción a una más. Coges tus 9 vacas y las cortas en trocitos. Luego vendes a la gente tus 10 vacas troceadas. Curiosamente durante todo el proceso nadie parece darse cuenta que, en realidad, tú sólo tienes 2 vacas.

Hay más en Diario de Nunca Jamás, al que llegué vía Alt1040. Para que nadie se la pierda, el título hace referencia a la letra de El Arriero, de Atahualpa Yupanqui.

El modelo de negocio de las consultoras frente a la crisis.

Llego un poco tarde (pero seguro) a Cuando la crisis golpea una consultora IT, en el blog de Julio César Pérez Arques.

La analogía con la “máquina expendedora” es una muy acertada descripción del modelo de negocio de las grandes consultoras que explica muy bien cómo se están viendo afectadas por la crisis.

“Existe una necesidad: el código. Y las consultoras hacen negocio con máquinas expendedoras de código. El código es un bien caro y se genera directamente dentro de las máquinas. Sin necesidad de comprar ninguna materia prima.

Que un cliente necesita código, pues negocias cuantas máquinas de cada tipo le pones, por cuanto tiempo y, ala, a facturar.

Las máquinas no tienen coste inicial, sólo de mantenimiento (salario) pero tampoco es que sea mucho. Como cualquier coste, se intenta reducir al máximo. No tiene mucha más preocupación. La prueba está en que existe una generalizada inversión de salario, donde no siempre a una máquina que aporta mayor valor le corresponde un mayor coste (salario).”

lunes, 8 de junio de 2009

El verdadero significado de los nombres de versión.

…o por lo menos así lo ve Iván Ramírez en OnSoftware, donde nos ilumina:

  • 0.xx: Me da vergüenza llamar programa a esto.

  • Unstable: Contiene las novedades interesantes, si es que funcionan.

  • Standard: La versión pro era demasiado cara así que esta intermedia debería comprarla alguien.

El resto en la entrada original.

domingo, 7 de junio de 2009

Defiende tu puesto…

…con este poderoso lanzalápices fabricado con elementos de oficina.


How to Make a Office Gun - The best bloopers are a click away

Cuidado... es peligroso en serio, no digan que no les avisé.

Visto en Ikkaro y compartido por Nicolás.

viernes, 5 de junio de 2009

Jueguitos de viernes: 3x1 (Love Overdose, Dung y Savanna Blocks).

Javier tuvo la deferencia de hacerme perder la tarde del jueves enviándome tres simples y adictivos juegos de su autoría.

El primero (y el que más me ha gustado) es Love Overdose, un clásico shooter en el que debemos impedir que los osos de peluche crucen la pantalla. Un hint: se gana más puntos desmembrándolos primero y disparando a la cabeza después.

Love OverdoseCuando se aburran de cultivar el morbo pueden probar Dung, en el que personificamos a una mosca hambrienta de mierda popó acosada por una horda cada vez más numerosa de insectos.

DungY para el final una nueva variación del Tetris perfecto para madres, hermanas, amigas, novias o esposas (por cierto ¿se acuerdan de este video?), Savanna Blocks.

Savanna Blocks

jueves, 4 de junio de 2009

Una mala costumbre.

ssc

Identificado 100% con la última tira de Sinergia sin control. No hay nada que hacer: los programadores cometemos errores, probamos mal, nos vamos por las ramas, ignoramos las reglas más básicas del negocio… y los PM hacen este tipo de cosas (del tipo que ilustra la imagen de aquí al lado)… todo el tiempo y en todos lados. Aunque mal de muchos consuelo de tontos… por lo menos entiendo que no es algo personal.

Tal vez peque de corporativismo… no puedo dejar de pensar que hay una diferencia sustancial. Los programadores no podemos dejar de cometer errores, sin importar cuánto lo intentemos… cualquiera que se de un paseo por allí verá que (en general) de todas maneras hacemos un gran esfuerzo por evitarlos. ¿Es igualmente imposible no comprometer el tiempo de los demás sin consultarles? ¿No es de sentido común?

Se ve que no.

martes, 2 de junio de 2009

Ladran Sancho, señal de que cabalgamos.

Y nada más cierto, sobre todo si hablamos de desarrollo de software. Con los años me acostumbré a interpretar como nubes en el horizonte lo que para otros es motivo de festejo. ¿Todo avanza sobre ruedas? Mmmm… mala señal. Pongamos por caso…

…que todo comienza con la típica frase apocalíptica “Esto es una pavada”. Que leemos o nos comentan los requerimientos y todo parece sencillo…

…que a partir de ello hemos elaborado una estimación y vuelve a las pocas horas con un escueto “ok”. ¿Ok? ¿No falta nada? ¿No nos olvidamos de algo? ¿No les parce demasiado, o demasiado poco, o muy caro, o muy barato?

…que luego el diseño va surgiendo sin graves problemas, y que después de remover algunas piedras y hacer un par de ajustes menores se termina todo en tiempo y forma.

…que las pruebas no arrojan errores de gravedad…

¿Qué clase de proyecto es ese? Uno que va a explotar como fuegos artificiales.

Lo primero que se me ocurre para justificar lo anterior tiene que ver con las zonas grises, los cambios, los errores.

Todavía suponiendo que -en un proyecto muy particular- los dos primeros elementos –zonas grises y cambios- no estén presentes, el tercero –errores- estará siempre ahí. En cualquier metodología -ya sea ágil, evolutiva o lineal- se establecen puntos de control a lo largo de todo el proyecto y las tareas son divididas –o deberían serlo- de manera tal de que todos los componentes pasen a lo largo del proceso bajo la mirada –supuestamente atenta- de por lo menos dos pares de ojos (aunque con par y medio alcanzaría). Si todo va más o menos bien surgirán incongruencias, malos entendidos, omisiones, errores de interpretación, de diseño, de codificación y de cualquier otro tipo imaginable. Si todo va realmente bien se irán corrigiendo con el tiempo, aunque aparecerán nuevos problemas. Por eso su ausencia es clara señal de que algo anda mal: la ausencia de ladridos indica la ausencia, la distracción o la indiferencia de los perros.

Los sistemas informáticos –incluso los más triviales- son lo suficientemente complejos como para que un componente menor o una situación improbable mas no imposible tire todo abajo. Incluso sin llegar a ese extremo tenemos que recordar que el software en su conjunto –sobre todo el de gestión- es necesariamente un subsistema de un sistema mucho mayor, una organización (el “negocio”). Desde este punto de vista no es más ni menos que un servicio para esa organización. Como pasa con todos los servicios, solamente notamos su presencia a través del sinfín de problemas e incomodidades que surgen cuando andan mal. Y ahí sí que aparecen los perros –pero ahora mostrando los dientes- y será mejor que cabalguemos rápido.

Un ejemplo simple: la falta de un calefactor o uno averiado en invierno puede interrumpir el trabajo por varios días, con todos quejándose amargamente. Si esto no sucede –las quejas, quiero decir- es que a) no hay trabajo que interrumpir, b) la calefacción no hacía falta, c) todos murieron congelados, d) se fue todo el mundo a casa o al bar de la esquina, o… en fin, en todo caso vemos que no es tan malo enterarse de que algo no anda, que peor es hacerlo a último momento o, sobre llovido mojado, que nadie se queje o que las quejas se aplaquen solas ante la falta de solución (¿resignación? ¿abandono?).

Luego, la famosa frase –que no es del Quijote, según revela el oráculo- se aplica también a nivel de empresa u organización… y no necesariamente en cuestiones de infraestructura o servicios: pensemos en la diferencia entre las reacciones ante cada pequeña o gran caída de Google o pifie en Microsoft (el mundo entero se transforma en una gran jauría enfurecida) y el lento, continuo y casi silencioso desangrarse de Yahoo!

Así que ¿problemas? ¿quejas? Cabalgamos.