jueves, 18 de marzo de 2010

Visibilidad.

Gran Proyecto (con mayúscula), muy “visible” para la gerencia de Megaempresa, vital para la subsistencia de NoTanGranPeroGranConsultoraOSoftwareFactory, y por tanto muy “visible” también para la gerencia de ésta última.

Desde nuestro punto de vista (de sistemas) no es más que otra aplicación de formularios que le pegan una y otra vez a una base de datos, más un sinfín de reportes que vienen a sacar lo que los formularios pusieron.

Otra gran, torpe, enmarañada, traicionera, e incansable generadora de un aburrido caudal de incidentes de fácil solución técnica, y que serían de fácil solución a secas si no fuera por el hecho de que más o menos la mitad de ellos contradice lo que indica la otra mitad.

Así que una horda de programadores armada con papel secante intenta contener ese río, resuelve uno y otro y alterna entre “A” y “no A” en un proceso que arroja tanta agua como recoge.

Hay otro caudal que lo alimenta, un caudal de programadores, analistas, managers y demás sacos de carne “recursos” que van pasando, pasando y pasando a ritmo creciente. Si no fuera por este otro caudal que aporta toda la energía desperdiciada en aquél ida y vuelta inútil el proceso descrito sería el santo grial del movimiento continuo.

Los gerentes, como esto es importante, están en contacto con “el equipo”, los conocen, interactúan con ellos más que con el resto. Es a esto a lo que se le llama “visibilidad” y que consiste en que, de vez en cuando, se abre un espacio en esos cielos y asciende alguno, (probablemente aquél con más habilidad para el alpinismo que para la programación) dejando al proyecto, que es realmente importante, en manos del resto que ahí queda, papel secante en mano (mientras el alpinista saluda desde lo alto).

Así es que, gracias a la “visibilidad” del proyecto los otros reman, reman y reman hasta que, hartos y sin esperanza, abandonan en busca de algún horizonte en donde sus entrenados brazos sean mejor recibidos. Aquellos en los que el entrenamiento no hace efecto y que por lo tanto carecen de otras expectativas (que los hay), esperan pacientemente su turno para el ascenso.

Unos y otros son reemplazados velozmente, así que eso que llamamos “equipo” (y que no es más que un fotograma de una película interminable) apenas puede acumular una muy vaga idea del negocio que el sistema viene a sostener, ya que el escaso conocimiento penosamente adquirido por prueba y error se va tan rápido como se acumula. Del negocio se sabe que es grande y millonario y que no es una verdulería ni un almacén de ramos generales, pero eso no alcanza para dividir las aguas y tomar la mitad de correcciones que corresponde para parar la rueda.

En fin… cualquiera que trabaje en sistemas un tiempo es expuesto a una de las más generosas fuentes de fina ironía que esta vida puede dar: el trabajo y, sobre todo, el trabajo en sistemas y, sobre todo, el trabajo “corporativo”. Si este tiempo es más o menos largo el sistémico, si sobrevive y lo sigue siendo (o mejor dicho, para sobrevivir y seguir siéndolo) habrá desarrollado un fino sentido de la ironía y del humor, o un cinismo a toda prueba, o todo eso junto. Por suerte algunos explotan genialmente esos efectos colaterales esas habilidades, y así tenemos a Dilbert (adivinen de dónde sacó Scott Adams la inspiración para sus personajes), o a Sinergia Sin Control, o al mayor repositorio de esfuerzo sin sentido y desperdicio de inteligencia jamás creado, TDWTF.

Porque lo más irónico de todo es que funciona y que buena parte de nosotros hemos vivido o viviremos de ello, y que es lo que termina financiando los juguetes (lenguajes, metodologías, herramientas, patrones, arquitectura) con los que nos entretenemos mientras, distraídamente, hacemos girar la rueda. En fin…

…que al mundo nada le importa
yira…
yira…

4 comentarios:

Cerebrado dijo...

Excelente !!

AcP dijo...

Me alegro que te haya gustado, eso me indica que logré captar la esencia de la situación, me parece.

Sigamos dando vueltas.

Curro dijo...

Has leido mi biografia??? Parece sacado de ahí....

Lucas Eugenio Ontivero dijo...

Es mi estilo! Me encantó.
Saludos