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lunes, 20 de abril de 2015

Broken Culture

Los norteamericanos tienen una capacidad increíble para estandarizar cualquier realidad y encajarla en un set de historias prefabricadas, por más compleja que sea. Si, todo el mundo estandariza y encaja realidades en historias… es sólo que ellos lo hacen especialmente bien.

Mis feeds de “desarrollo” en inglés están llenos de telenovelas: los programadores somos la mucama inteligente, buena y fea; los managers, la malvada bomba sexy; la empresa (el capitalismo), el millonario que parece malo por estar atrapado sus redes pero que en el fondo es bueno. El final es cantado: la mucama inteligente se gana el corazón del millonario a fuerza de honestidad, bondad y trabajo duro, y en la última escena es la que está más buena de todas. La mala cae envuelta en sus propias telarañas y termina desenmascarada como la chupasangre inútil que es, desterrada en quién sabe dónde.

Tim Chevalier toma la decisión de abandonar la telenovela-sistemas y da sus razones. Después Michael O. Church sintetiza esas razones en una pregunta: “Can tech fix its broken culture?”, y responde “si” pero con más palabras. ¿Y cómo? Como dicta la trama: resistiendo los ataques del management-malvada-bomba-sexy y demostrando valía con honestidad, inteligencia y trabajo duro (y muy poca paga) hasta que el capitalismo-sociedad-millonario se de cuenta y expulse a los managers-malvada-bomba-sexy del juego.

La afirmación que más fuerte me suena en el post Michael no es “podemos reparar la cultura de sistemas”, sino otra mucho más desesperada y sutil: “hay una historia con un final feliz en el que los buenos que resisten son recompensados”.

En algún momento (allá lejos y hace tiempo) en el que hubiese coincidido (y hasta se podría buscar prueba de eso en este blog), un tiempo en el que lo “Agil” prometía ser la movida que desenmascararía las malvadas maquinaciones del management, demostrando de una vez y para siempre que los “techies” somos el verdadero corazón de las empresas.

Pero ahora, un par de años después, “Agil/Scrum” es más o menos lo mismo que “CMMI”. Todos los puntos de aquel manifiesto que hubiesen podido cambiar algo fueron ignorados o licuados; sólo quedaron las reuniones. ¿Y los tests y la integración continua y la nube y los frameworks y el open source…? ¿No son avances? Sí son avances… también las pantallas planas, los multi core, el wifi y los celulares… Pero el escenario es el mismo en el que se escribió The Mythical Man-Month (en 1975). Sólo cambió el decorado.

El argumento es “la mucama con esfuerzo llega al millonario”. En sistemas se dice “los techies programando van a dominar la industria”. El problema en la trama es “que la mala tiene al millonario engañado”. En sistemas, “que los managers son explotadores parásitos de la empresa”. Pero en ambos casos la industria/la empresa/el capitalismo siempre recompensa el valor generado. En última instancia verá quiénes generan el valor cuando los managers, a fuerza de incompetencia, caigan en su inevitable desgracia y se desencadene el final feliz.

En pocas palabras: hay que salir y mostrarle al mundo que los técnicos son los que generan valor. Siguiendo esa línea, si fuésemos adolescentes sobreexplotados de McDonalds deberíamos unirnos para revelarle al mundo que somos los que hacemos las hamburguesas.

Es una telenovela simplificadora que justifica lo que hacemos ante nosotros mismos mientras estamos dentro. Nos convence de quedarnos y nos explica por qué se van los que se van, separándonos de ellos para que no se nos ocurra tomarlos de ejemplo. “Cualquier parecido con la vida real”, lejos de ser casual, ha sido elaborado, refinado y corregido a lo largo de los siglos (si, siglos: Cenicienta) para identificarnos con la mucama-pobre-heroína de la trama mientras hacemos girar la rueda del molino, caminando en círculos hacia ninguna parte.

Como las telenovelas, es un discurso que no tiene ni pretende ser real ni tener sentido, sólo coherente y útil hacia dentro. Si uno rompe “la cuarta pared” y abandona el set ya no ve ni buenos ni malos ni lindos ni feos ni historia ni nada: sólo un montón de actores representando un guión más o menos delirante que no escriben ni escribieron.

Bueno, y “Can tech fix its broken culture?”

La “cultura de las empresas de tecnología” no está rota. La “cultura de las empresas” surge y prospera en tanto las hace funcionar, sobrevivir y prosperar… a las empresas, no a las personas. No está ahí para conseguir la felicidad ni el bien común de nadie… pero tampoco para impedirlos.

Personalmente creo que no hay nada que demostrar ni a quien demostrarle nada; nadie mirando, sólo nosotros mismos. No hay héroes buenos-pero-feos enfrentados a managers-malos-que-parasitan-las-empresas, ni millonarios naive a los que hay que llevar por la buena senda para bien de todos. Ni siquiera hay un “somos” ni un “son”: no hay una historia común encaminada hacia un final feliz, o hacia ningún otro lado. Lo que hay es un momento y un espacio y ciertas reglas más o menos fijas… A algunos les conviene el status quo, a otros no. Para los que no, a veces se puede y vale la pena dar la pelea por el cambio, a veces no.

De lo que estoy más seguro es de que no se toman buenas decisiones mirando telenovelas.

sábado, 21 de marzo de 2015

The Gervais Principle

Para aquellos a los que les gusta (o no pueden para de mirar) The Office y se ríen (o lloran) con Dilbert y están dispuestos a leer largo duro y parejo, y a pelearse con un inglés un poquito más difícil que la media:

The Gervais Principle, Or The Office According to “The Office”

Para tentarlos y de paso tenerlos a mano para cuando se necesite, dos botones de muestra:

hughMcLeodCompanyHierarchy compLifeCycle

Ojo que es más serio que lo que parece. Lo encontré leyendo el blog de Erik Dietrich, también recomendable para agregar al feed.

PD para cuando lean un poco de eso: yo me considero claramente un looser, y -creo- es fácil distinguir a los sociopaths (antes de que alcancen el nivel al que sólo ellos pueden llegar, si no pierde la gracia)... lo divertido es ponerse a discutir quiénes son los clueless. Tengan en cuenta que no todos son tan "puros" como Michael.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Monkey Business.

Son casi humanos... somos casi monos, mejor dicho.

Visto en La Pastilla Roja

Me deja pensando, al trasladar la situación a nuestra vida laboral, en que –si bien entre otros factores- las reglas de juego tienen un peso fundamental para determinar si será la colaboración, la competición o la indiferencia la característica predominante en un entorno de trabajo.

En todo caso estoy bastante seguro de que las reglas pesan más que las características personales. Somos ante todo animales sociales –al punto en el que sólo sobrevivimos en sociedad-, mucho más influenciables por los que nos rodean que –en conjunto- ellos por nosotros.

¿Se pueden alcanzar altos niveles de calidad –esa esmeralda perdida- en el desarrollo de software sin colaboración, sin verdadero trabajo de equipo? Yo creo que sí, pero es mucho, muchísimo más difícil que en un ambiente colaborativo.

Los costos de un ambiente de “indiferencia” en el que cada uno “sólo hace lo suyo” se ven reflejados en complejas estructuras de control superpuestas que coordinan el trabajo: líderes de esto y gerentes de lo otro, supervisores de lo de más allá y más acá, capas y capas de jefes de jefes cuyo trabajo es apenas un poco más que distribuir información y controlar el correcto ensamblaje de subproductos que se construyen en la base de la pirámide aisladamente, sin visión de conjunto.

Se podría decir que parte del trabajo de esa jerarquía es, justamente, proporcionar una visión de conjunto. El problema es que, para el momento en el que el flujo de trabajo llega a ese nivel de revisión es un poco demasiado tarde para cambiar nada.

Para el momento de revisar la calidad –siguiendo las metodologías tradicionales- ésta está prácticamente determinada –sí, claro que podemos corregir desvíos funcionales… ya sabemos lo que sucede con la calidad del código durante esas correcciones-. Si el producto no cumple con las expectativas –de calidad, no sólo las de cumplimiento de requisitos funcionales- la única solución real es el retrabajo.

La solución propuesta generalmente es dividir el desarrollo en pequeñas etapas y revisar la calidad en cada una de ellas –siempre al final- con la esperanza de que la “suma de las calidades” sea provechosa –siempre al final-, y si así y todo las etapas presuponen productos demasiado amplios, las subdividimos… y luego ponemos a un responsable de cada división y de cada etapa, y ya estamos donde empezamos: jefes de jefes de jefes y poco trabajo real.

En un ambiente de colaboración las cosas son diferentes. La revisión es constante porque nadie es indiferente a lo que lo rodea. Cada corrección es mínima pero se dan constantemente. Es mucho más probable que la calidad final sea –para bien o para mal- toda la que el equipo pudo dar en un momento determinado. En esta situación el retrabajo cobra otro sentido: no es la corrección de lo que –en teoría- podría haberse hecho bien desde un principio sino la materialización del aprendizaje acumulado en el camino.

Pero son las reglas las que determinan si esa colaboración es posible. Si la ruta, -correcta o no, eso se verá al final- está predeterminada a través de un diseño milimétrico, el combustible de horas/hombre está calculado como para llegar con el tanque vacío y encima el vehículo no tiene ventanillas de poco sirve ponerse a pensar si hay o no un árbol en el camino, más vale rezar y esperar que cuando nos bajemos estemos en donde queríamos estar. ¿Parece difícil, no?

martes, 8 de septiembre de 2009

Nativos e inmigrantes digitales.

Muy buena la propaganda de Personal Wap (el servicio… perdón, yo tengo mis dudas). ¿Ustedes de qué lado del sofá se ubican?

Visto en El blog de Ricardo Zapata.

lunes, 27 de julio de 2009

Datos, información y velocidad.

velocidad1 velocidad2

El que los sistemas de transmisión de datos se han vuelto cada vez más veloces es un hecho obvio e indiscutible. Baste con recordar que hace escasos 15 años estábamos todos muy contentos con nuestros módems de 56K.

Esta velocidad de transmisión ha permitido enriquecer los mensajes llevándolos desde el texto puro a la multimedia y haciéndolos cada vez más disponibles. Cuando yo era chico (y no soy tan viejo) tener teléfono en casa era toda una novedad. Hoy prácticamente todos tenemos celulares.

Internet, si bien no está presente en todos los hogares y bolsillos es por lo menos de fácil acceso a través de distintos puntos de acceso a un precio razonable (locutorios, por ejemplo). Por ahora los abonos de acceso a través de la telefonía celular con tarifa plana (y razonable) son una utopía (hay que leer la letra chica), pero no faltará mucho para que se conviertan en parte de la vida cotidiana.

Una pequeña reflexión motivada por el comentario de Senior Manager en Los más rápidos. La entrada es apenas un video gracioso con algunos de los records “más rápidos”, lo importante es el comentario:

Ser el más rápido en "algo" seguro que algún mérito tiene. No obstante, y como contraste, he sentido una tendencia en la blogosfera que se inclina hacia el "slow motion" y que ya no la motiva la velocidad de la información... No sé si se deba al agotamiento digital u a otras razones, lo que si sé es que cada vez es más evidente. ¿lo has sentido tú?
SM

Tenemos cada vez más velocidad y disponibilidad de transmisión de datos. ¿Y de información?

Si estoy a punto de salir de casa y recibo un mensaje que dice que “está lloviendo en Buenos Aires” eso es información, ya que me mueve a tomar el paraguas antes de salir para no mojarme. Si ya estoy en la calle (mojándome) es apenas un dato que no aporta ningún conocimiento. Lo mismo si no estoy en Buenos Aires o si no planeo salir.

En pocas palabras, la información es un conjunto de datos relevante para quien lo posee. Un mensaje aporta una cantidad de conocimiento (dato) que puede ser medida objetivamente en un lugar y tiempo determinado: llueve, no llueve, la bolsa sube, la bolsa baja, salió tal producto al mercado, se descubrió tal cosa o se utilizó tal tecnología. Si aporta o no información dependerá de quién lo tenga entre manos, de sus motivaciones, objetivos y posibilidades en ese momento.

Una de las definiciones que recuerdo (y no recuerdo de quién) formalizaba diciendo (más o menos) que “la información es un conjunto de datos relevante para la toma de decisiones”. Es decir que un mensaje, un dato, es información si (y sólo) si motiva un cambio en el comportamiento de quien lo recibe.

Llevándolo a la vida cotidiana: uno se levanta a la mañana, lee el diario y encuentra allí un montón de mensajes, de datos. Si uno no lee el diario todos los días tal vez mira el noticiero del mediodía o de la tarde, y es más o menos lo mismo: una porción de estos mensajes será información para nosotros (es decir, inclinará la balanza en alguna decisión o motivará algún cambio en nuestra conducta): el estado del tiempo, determinadas noticias sobre economía, política, tecnología, algunos anuncios comerciales.

Agreguemos algunos diarios online, tal vez de otros países, algunos blogs generalistas y otros especialistas. Agregadores sociales, Menéame, Bitácoras. Agreguemos las actualizaciones de Facebook, LinkedIn, FriendFeed…

Una vuelta más de tuerca: convirtamos todo eso en un flujo continuo (streaming) que nos llegue al celular, la notebook o la netbook a través del e-mail, de Twitter o de un widget sobre el escritorio.

Sumémosle a esta marea una cuota de incertidumbre: no todos los mensajes son exactos, algunos son contradictorios, no todas las fuentes tienen la misma confiabilidad.

Imaginemos ahora que, a pesar del ruido, buena parte de todo eso es información, que es relevante para nuestras decisiones, que motiva o que debería motivar ciertos cambios en nuestra conducta, acciones, respuestas, llamados, más mensajes.

Es claro cómo podemos llegar rápidamente a la sobrecarga, a la saturación. La imposibilidad de procesar (filtrar, analizar, y actuar en consecuencia) lleva a la ansiedad, al estrés.

¿Dónde está el punto de inflexión? El modelo de “leo diarios y blogs y veo las noticias para para estar enterado de lo que sucede y ver cómo afecta a mi vida” tiene un límite, el límite del tiempo y atención que podemos dedicarle a filtrar y analizar un conjunto de mensajes en busca de aquellos que tengan cierta relevancia para nosotros.

Es una tentación interpretar automáticamente ese flujo continuo de datos como información ante la que uno debería reaccionar, en vez de buscar información para tomar decisiones de acuerdo a objetivos y motivaciones preexistentes… Una tentación de alguna manera inducida por los productores de esos mensajes, que compiten por nuestra atención e intentan desesperadamente que creamos que son relevantes (al fin y al cabo si creemos que son relevantes entonces son relevantes, puesto que todo este tema de la relevancia es, recordémoslo, subjetivo).

Cuando hay abundancia o saturación de mensajes -es el caso- el modelo colapsa, nosotros colapsamos.

Es necesario cambiar el enfoque: en vez de partir del conjunto de datos disponible (casi infinito) podríamos, por ejemplo, partir de nuestras necesidades, obligaciones o motivaciones. En vez de leer megabytes de mensajes por día, tendríamos que pensar “¿qué quiero/tengo que hacer? ¿qué necesito saber?” y buscar mensajes de acuerdo a ello. En vez de filtrar debemos buscar.

A mí me ha sucedido -y no creo que sea excepcional- en mis primeros contactos con la red y sobre todo con la “blogósfera”, que descubría un blog, luego otro y otro, que me llevaba a otro y luego a otro, a los agregadores, a Twitter…  pretendía leer todo como si fuese un diario o un libro, pretendía filtrar todo aquello. Finalmente mis costumbres fueron cambiando y aquella marea de bytes se redujo a un par de blogs que sigo y leo cotidianamente, y que son separados de otro conjunto, bastante más grande, al que accedo cuando quiero leer o buscar sobre algún tema en particular.

Cerrando con el tema del “slow motion” y la motivación de la velocidad: sí, la tendencia (a ir más despacio, a leer menos, a estar menos conectado, a bajar el ritmo) es evidente. Creo que tiene que ver con el reflujo de una gran cantidad de personas que ha ingresado a “la red 2.0” con el modelo mental del diario y el noticiero y que, habiendo llegado a la saturación, sienten la necesidad de ir más despacio o, mejor dicho, de volver a controlar el tiempo y de no someterse al ritmo impuesto por una tecnología en continua aceleración.

jueves, 16 de julio de 2009

Crónica de -y consejos para- una búsqueda de trabajo.

 diario La idea de este post es comentar mi experiencia, no porque crea que sea importante o representativa, sino –como todo en este blog- simplemente porque me es divertido hacerlo y tal vez invite a la discusión o el comentario.

Me presenté como desarrollador senior en .Net (con acento en “plataformas web”) o analista funcional (soy un hermafrodita informático), y estoy aquí, en Buenos Aires, Argentina. Aclaro porque creo que ese mercado -si bien golpeado por la crisis- sigue estando muy activo, lo que desgraciadamente no es la norma.

Cuando empecé a coquetear con la idea de cambiar de trabajo comencé por actualizar mi CV en cuanta página encontré por allí. Éste es un consejo muy escuchado: circula tu CV por todos lados. La realidad es que aquí en Argentina el 90% (porcentaje al voleo) de las ofertas para el rubro de sistemas se publica en uno de los tres grandes sitios (UniversoBit, Computrabajo, Bumeran), y la mayoría en todos y ellos y en los diarios al mismo tiempo.

Hay ciertas consideraciones que hacer respecto de lo anterior:

  • Si me preguntan, yo diría que ni comprar el diario ni matarse cargando el CV en otros sitios vale la pena, basta con los tres mencionados (que podrían tirar una moneda ¿eh? Este chivo fue gratis).
  • Cuidado porque uno puede estar postulando para las consultoras A, B y C, que sacan sus anuncios por separado (con redacción diferente) pero que son en definitiva para el mismo puesto en la empresa Z. También puede suceder que se estén buscando varios puestos (típico de software factory o consultora grande) y que uno se postule, sin saberlo, a varios en la misma empresa o incluso en el mismo proyecto.
  • De lo anterior surge que el seguimiento es importante para no perder el tiempo (transitar dos procesos de selección por el mismo puesto real). Yo no lo hice y se me complicó, y fui a entrevistas para puestos para los que ya me habían entrevistado. Hice sociales en las consultoras, eso sí, lo que es algo muy rescatable.
  • Y –opuesto a casi toda opinión que se lee por allí- que también es importante tener un sólo CV, no varias versiones. ¿Por? Simple: porque puede que dos versiones diferentes lleguen a la misma instancia de selección por dos caminos independientes… y a mi me parece que queda feo que en uno diga “semi-senior” y en el otro “gurú”, por más que sean para puestos diferentes. En todo caso se puede complementar el CV con cartas ad-hoc para cada postulación, pero siempre, siempre, hay que tener en cuenta que diferentes versiones podrían pasar por los mismo ojos.

¿LinkedIn, redes sociales? Bueno, sí… aparecen un par de ofertas (yo tengo unos escasos 50 contactos), pero son las mismas que en los sitios mencionados. De todas maneras hay que estar, no cuesta nada y es cómodo tener el CV cargado allí. Por otro lado es seguro que alguien, en algún momento hará una búsqueda en google (es indispensable hacerla uno mismo antes, para evitar que te agarren desprevenido), así que si van a aparecer las fotos de la borrachera de la semana pasada entre los resultados por lo menos que no sea lo único, y si aparece bien abajo y no arriba de todo, un poco mejor.

Nota de esperanza para los que desesperan ante la aparición de algún material inconveniente en una búsqueda por nombre y apellido: la segunda página de resultados no la lee nadie. Mi consejo: te pones un blog y te haces algunas entradas (¡serias!) como para desplazar el material NSFW fuera de la primera página. ¿Quien sabe? Tal vez te pique el entusiasmo y te conviertas en blogger.

Nota de desesperanza: si te llamas Juan Perez o Pedro Fernandez disfrutas del verdadero y único anonimato en internet: puedes hacer lo que quieras, total nadie va a distinguirte entre miles de personas con el mismo nombre. Pero si quieres capitalizar tu “2.0” búscate un nick bien original (y que no sea del tipo “LaMasLargaYLaMasAncha”), y no creo que quede mal sugerir explícitamente esa búsqueda en el CV.

telefono Sigamos… yo tenía (como todo el mundo, pero digamos que las hice explícitas), en principio, muy altas expectativas monetarias. Y eso se notó porque no llamaba nadie. Creo que la mejor técnica -si es que se puede practicar la paciencia- es empezar alto e ir bajando de a poco hasta que empiecen a darse los contactos. El nivel en el que empiecen a llamar (y no el que nosotros pretendamos) será nuestro valor de mercado. ¿Conforme? Pues adelante. ¿Inconforme? Pues no pierdas el tiempo y concéntrate en mejorar tu posición en la empresa en la que estás, que la realidad no cambia por postularse a 200 avisos por semana y la oportunidad que se da como la lotería, una-sola-vez-en-la-vida… no existe (bueno, sí existe… como también existe el ganador de la lotería).

El primer contacto es telefónico o por mail, usualmente en los dos o tres primeros días y aparece de vuelta –¿para qué quieren el CV?- el tema de la remuneración pretendida, el de los requisitos, y las expectativas. Hay que reconfirmar, sobre todo la remuneración.

No es mi intención calificar a los selectores profesionales, sólo apunto que es un dato real de mi experiencia que si uno es programador en C# y pide $10 al menos un selector llamará por un puesto de $2 y pretenderá que cuando conozcamos la empresa, el ambiente, el proyecto y las fantásticas oportunidades estaremos felices comiendo eso con cebolla cruda todos los días.

La parte de la tecnología lo entiendo, no tienen por qué ser expertos y me parece razonable para un ajeno a la programación el intuir –nosotros sí que sabemos poner nombres confusos a las cosas- que tal vez “C++” y “C#” no son tan diferentes uno del otro… también me parece razonable ofrecer +/- 10% de lo pretendido, pero ¿la mitad, el doble, el triple o la tercera parte…?

La otra posibilidad es que el selector declare que “la remuneración todavía no está del todo determinada” o alguna ambigüedad por el estilo. Seré prejuicioso pero eso me suena a proyecto raro, en pañales, a empresa poco seria o a “hacer base de datos” para aprovechar espacios de avisos ociosos y ya pactados (práctica que en un momento era común, ahora no sé).

¿Vale la pena ir a una entrevista en esas condiciones? Que cada uno decida.

Y luego el primer contacto cara a cara. De lo más inútil para uno como candidato. No esperen formarse una idea de la empresa, de la oferta, de los requerimientos técnicos, nada de eso. Es el primer e indispensable filtro grueso para que el selector corrobore que somos “por lo menos presentables” y se asegure de que la consultora o el departamento de RH no quede mal molestando al cliente o al jefe pactando un encuentro que resulta inconducente a los dos primeros minutos.

Las preguntas de siempre: ¿por qué estás buscando? ¿qué esperás de un nuevo empleo? Contáme algo de vos (esa la odio, es como que el selector no tiene ni ganas de pensar una pregunta decente) y, pasado cierto punto, las respuestas de siempre. Con la práctica ya tenía puesto el cassette (qué viejo que soy) y repetía lo mismo casi palabra por palabra. Acá valen los consejos sobre vestirse bien (por lo menos bañarse), dar un fuerte apretón de manos (o no, es un tema controversial), mirar a los ojos (o no, gran debate)…

Un detalle curioso que me sorprendió es la nueva moda (lo hacen casi todos) de comenzar o terminar la entrevista con un muy marketinero “te cuento algo sobre nosotros: Los Superselectores es una consultora que se enfoca en…” El problema es que el discursito es usualmente vomitado en una forma tan, pero tan McDonald’s que el efecto es de despersonalización total, una especie de molesto recordatorio de que “ya vi a mil y un postulantes para mil y un puestos y dije esto mil y una veces y dentro de 10 minutos no voy a poder reconocerte aunque nos crucemos en un pasillo”.

Lo que hay que entender, en definitiva, es que podemos ser verdaderos genios con los algoritmos… pero que la persona que tenemos en frente no tiene idea de lo que es un algoritmo y no podría distinguir a un ingeniero de un programador junior si no fuera por lo que dice el CV… y la imagen que da esa persona. Que es difícil para un junior simular ser ingeniero estamos todos de acuerdo, pero no es tan difícil para un ingeniero quedar fuera de lugar como un pelo**** soltando un discurso desubicado, poco serio o demasiado técnico cuando no corresponde. Así que a cuidar las formas, que aquí es lo que vale.

Esta entrevista termina, inevitablemente, con el “en estos días te avisamos por sí o por no”. Las formas siempre muy cuidadas… pero salvo contadísimas excepciones (sólo recuerdo uno o dos mails) olvídense de que alguien les va a avisar de que no superaron esta instancia. No importa qué tan seri@ o simpátic@ resulte el selector@, sólo llamará al momento de pactar una segunda entrevista.

El tan recomendado seguimiento de llamar uno para “ver cómo va”, por otro lado, me parece completamente inútil: más fácil y realista es no esperar una respuesta, seguir con la búsqueda, no hacerse la cabeza, no dejar de postularse a otras ofertas, y si llaman bien… y si no también. Esto vale, en realidad, para cualquier instancia. Ahora, si lo vemos al revés, es un lindo detalle que no cuesta nada avisar a todos los “pendientes” que nos “bajamos” de la búsqueda ya que aceptamos una de las ofertas. Puede que ese mail, rescatado dentro de un par de años, deje una buena imagen.

entrevista3 Ya la segunda instancia es algo a lo que uno debería ir más seriamente preparado. Aquí quién es ingeniero o licenciado se nota. Y se nota quién es de verdad y quién tiene sólo el título, no importa el CV de cada uno.

Es una instancia de evaluación mutua, así que hay que pensar un poco qué preguntar y estar atento a los detalles. Probablemente sea en la cocina, en el lugar de trabajo real y no en una sala de reuniones estándar y despersonalizada. Es la oportunidad (tal vez la única) de percibir a la gente, su actitud… “el ambiente”, en definitiva. Puede que conozcamos a nuestro probable superior, y en este caso yo diría que es importante abrirse y ser natural y sincero. Si algo en su forma de ser o actuar (o en la nuestra) “choca” lo soportaremos todos los santos días, y seguramente no por mucho tiempo.

Y que no sorprenda, sobre todo en empresas grandes, entrevistas intermedias exactamente iguales a (un verdadero calco de) la primera. En tal caso, agua(ntarse) y ajo(derse) y esperar pacientemente la próxima, si es que se da.

En la mayoría de los procesos en los que participé (y fueron por lo menos 15) la segunda entrevista fue la más jugosa, en la que se habló de trabajo real y cotidiano con una o varias personas que realmente estaban en el día a día. En algunos casos (tal el que finalmente se concretó) hubieron más entrevistas, pero me parecieron un poco más… “políticas”, con gerentes o jefes de más alto nivel que simplemente quieren (muy razonablemente, para mí es un punto a favor) conocer y ser conocidos por todos los que de él dependen aunque no sea directamente, o con consultores u otros que desempeñan la misma tarea que nos correspondería y que evalúan cuestiones puramente técnicas (otro punto a favor, por lo menos sabremos qué nivel tendrán como base nuestros compañeros de equipo).

desierto Y luego, si tenemos suerte, una oferta real y concreta. Lo único que se me ocurre recalcar de esta instancia es que me parece de mal gusto ponerse a negociar, por aquello de lo que me quejaba más arriba: ninguna de las dos partes puede mover el salario fuera de ciertos márgenes conocidos desde un principio, por lo que es un ahorro mutuo de tiempo y una nota de seriedad dejar eso en claro desde el vamos y no volver a regatear luego de haber comprometido el tiempo de varias personas durante un par de semanas. De todas maneras reconozco que hay personas que lo hacen con una sutileza digna de un cirujano y nunca quedan mal. Yo en eso soy un elefante en un bazar así que mejor ni lo intento.

Eso es todo. Si tengo que resumirlo en una palabra, ésta sería perseverancia. A comentar, que se acaba el mundo.

sábado, 11 de julio de 2009

Frases: Igualdad.

homogeneidad

Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada "igualdad".

Erich Fromm, El arte de amar, 1959

(Parte de una cita más grande que encontré en el artículo Posicionamientos profesionales: libertad o identidad, publicado en Congestión de Personas).

jueves, 11 de junio de 2009

Crisis, ajuste, motivación, productividad, oportunidad.

Corren tiempos de crisis. Traducido al argentino esto implica, aunque sea implícitamente (vía inflación, que aquí el que no corre vuela y el margen de beneficio a corto plazo se valora incluso más que la supervivencia), “ajuste” de salarios. Escribo “ajuste” y no ajuste porque con el entrecomillado pretendo denotar que “ajuste” no es ajuste sino un eufemismo para baja que suena feo. Y es baja y no “congelamiento” o “suspensión de aumentos” debido al pequeño detalle de la inflación mencionado más arriba.

Pero bueno, es lo que marca el mercado y si el golpe de la crisis se distribuye justa o injustamente entre capital y trabajo (o la suposición de que justicia y economía están relacionadas de alguna manera) no es el tema de este post.

Por otro lado, en la industria del del software (y supongo que en cualquier otra cuya base esté mayormente conformada por trabajadores del conocimiento) motivación y productividad están fuertemente relacionadas, si es que no son la misma cosa (¿podría decir que está motivado un programador que no produce? ¿por qué otra razón que no sea falta de motivación podría no producir un programador? Es decir, el que está motivado llega a un resultado, que puede no tener un gran nivel o calidad, pero producir produce).

Mi hipótesis es que si el mencionado “ajuste” afecta a la productividad en esta industria es -por lo menos principalmente- a través de esta forma indirecta, por su impacto en la motivación.

Es un buen momento para recordar aquello de que el motivador más caro es el dinero (creo que es una frase célebre pero no puedo encontrarla, tal vez esté formulada de otra manera). Es por ello que me cuidé de escribir que el ajuste “afecta” a la productividad y no que la disminuye o aumenta, ya que la productividad depende de la motivación y la motivación no necesariamente del dinero.

Me parece una explicación bastante sencilla de por qué hay emprendimientos o proyectos en los que la productividad aumenta considerablemente en tiempos de crisis: hay ajustes monetarios pero la motivación, y por tanto la producción (el desarrollo) se mantiene (o incluso aumenta) y la productividad (la relación entre recursos utilizados y avance obtenido) mejora.

Y también de por qué hay otros proyectos que florecen velozmente una vez pasada la tormenta: si el aumento de productividad es en la práctica una mejora en el proceso de desarrollo el proyecto actúa tal cual un resorte que absorbe el impacto primero e impulsa al equipo, empresa, organización o producto cuando la crisis pasa.

Y de por qué otros proyectos, incluso sobreviviendo a la crisis, no logran volver a ser lo que eran. Hay un punto en el que la motivación cae de tal manera que luego (parafraseando a un gran amigo) “a esto no se lo levanta ni con plata”.

Ejemplo un poco burdo: imaginemos tres equipos enfrentados a la misma crisis. En la práctica (aparte del “ajuste”), lo que sucede es que faltan horas/hombre de analistas funcionales para las pruebas, que el recurso de las horas extra está agotado (es decir, los actuales analistas están agotados) y que no hay posibilidades de contratar más.

  • Equipo I: no hay respuesta. El equipo hace lo que siempre hizo: programar y punto. El proyecto se atrasa, el producto no mejora, se codifica pero no se prueba y las modificaciones no salen, etcétera. Para cuando pasa la crisis hay un retraso importante respecto de la tecnología y de los competidores que han sabido aprovechar o por lo menos capear el temporal.

  • Equipo II: el equipo pone el hombro y se pone a probar. No son buenos probando pero hacen lo posible y la productividad sufre pero las cosas salen. Si pasa la crisis se vuelve al ritmo normal, y tal vez con más recursos se logra recuperar el tiempo perdido, aunque con gran esfuerzo extra.

  • Equipo III: no se resignan a producir menos ni a trabajar más, por lo que buscan la forma de trabajar mejor. Así que buscan la forma no de cubrir las horas faltantes sino de requerir menos horas de pruebas. Descubren (imaginemos que no las conocían) las bondades de la programación orientada al test, herramientas para automatizar tests unitarios y funcionales, reducen costos con máquinas virtuales, programan simuladores de componentes y un largo etcétera. Para cuando la crisis pasa están mejor parados que al principio y cuando se recuperan los recursos éstos se utilizan para hacer más que antes logrando una gran expansión sobre un mercado depurado de competidores.

¿Cuál habrá sido el nivel de motivación en cada equipo antes de afrontar la crisis? ¿Y al final?

jueves, 21 de mayo de 2009

Frases: El principio de Dilbert.

La cosa está muy mala (Yoriento) recuerda como al pasar El principio de Dilbert. De ahí a una búsqueda rápida en Google y desempolvar un viejo post de Mundo Geek hubo un solo paso.

Un par de citas (tres, para más exactitud y desconcierto):

La premisa básica del principio de Dilbert es que los trabajadores más ineptos pasan sistemáticamente a ocupar cargos donde pueden causar el menor daño: la dirección de la empresa. Esta estrategia no ha resultado ser tan exitosa como cabría esperar.


El departamento de Marketing utiliza muchas técnicas avanzadas para juntar producto y comprador de una forma que eleve al máximo los beneficios. Por ejemplo, regalan llaveros.


Puede usted cortocircuitar las dos o tres neuronas que usa la gente a modo de sentido común, apelando a su avaricia. Nada define mejor al ser humano que su voluntad para hacer cosas irracionales en la persecución de recompensas fenomenalmente improbables. Es el principio en el que se basan las loterías, las citas a ciegas y la religión.

Hay algunas más en Mundo Geek para entretenerse hasta que compremos el libro.

martes, 19 de mayo de 2009

1984

Puede que George Orwell (antes de empezar permítanme decirles que si no han leído 1984 han aprendido a leer para nada) haya cometido apenas un pequeño (en proporción) error con las fechas, después de todo. Digamos unos 30 años. O menos.

Pensaba en eso después de leer esta nota en público.es, de la que transcribo (qué viejo suena eso. Corto y pego, digamos) el primer párrafo:

Hace 24 años, Ivana P. cometió un delito por el que fue condenada y posteriormente indultada. Sin embargo, esta madrileña aún está pagando aquella deuda. Los detalles de los hechos por los que la condenaron aparecen relatados en la web del BOE, y después han sido clasificados en Google, el buscador que utiliza más del 90% de los internautas españoles. Aunque esta mujer ha presentado varias reclamaciones, la web sigue trayendo al presente aquella historia de hace casi un cuarto de siglo.

Orwell imaginó un Gran Hermano omnipresente y controlador. Puede que el ¿futuro? sea apenas sutilmente diferente.

Si bien es cierto que la red nos ofrece anonimato no es menos cierto que la línea entre el espacio público y el privado es, en algunos casos, confusa (claro ejemplo: Facebook), y en otros difusa.

Dejemos por un momento de lado los casos en los que los problemas puedan adjudicarse a la torpeza o ignorancia del propio navegante afectado. Son cada vez más los registros públicos por naturaleza -tales como las sentencias de los jueces- fácilmente rastreables vía buscadores. Se va conformando, con el paso del tiempo, el avance de la digitalización de la información y su anexión a la red, un gran repositorio (internet, no Google) que todo lo recuerda y todo lo publica.

Somos (y seremos cada vez más) conscientes de que teniendo disponible una memoria tan poderosa se nos cobra caro hasta el más pequeño desliz. Podría ser en el fondo de una foto inocente tomada durante una salida y publicada en el perfil de una amistad donde la señora (futura ex) encuentre por casualidad al marido peligrosamente cerca de la (futura ex) mejor amiga… un par de años después del incidente inmortalizado en unos y ceros (que, imaginemos, no pasó de una indiscreción inducida por el alcohol).

Lo que hacemos en público es público. El marido de la historia anterior poco tiene que reclamarle a Facebook sobre la desgracia de su matrimonio. Poco -creo yo- tiene que reclamarle Ivana P. a Google o al BOE la distribución de información absolutamente correcta (y pública por naturaleza), por más que afecte su vida cotidiana.

Una línea difusa… ¿y lo que hacemos en privado y es ventilado por algún torpe, indiscreto o vengativo observador? Pregúntenle si no a… (no voy a volver a cometer la torpeza de escribir otra vez ese nombre, por más visitas que genere).

El hecho objetivo es que, en público o en privado, cada vez hay más ojos alrededor nuestro, inocentes o no. Ojos que no sólo ven sino que también recuerdan. El hecho objetivo es que esa información, una vez liberada, es muy difícil de destruir.

¿Llegaremos al punto en el que la amenaza de una exposición descontrolada pese lo suficiente como para reprimir hasta el más mínimo atisbo de cualquier conducta que pudiese calificarse negativamente en el presente o el futuro? ¿Llegaremos al punto de sentirnos siempre observados y continuamente juzgados por lo que hacemos y decimos y por lo que hicimos o dijimos? ¿Presos de por vida en nuestras propias palabras y acciones pasadas?

Orwell imaginó un Gran Hermano, pero parece ser que nadie puede controlar, encauzar o reprimir el flujo de información en la red. El archivo afecta tanto a gobernantes y empresarios poderosos como a ilustres desconocidos.

Así, Gran Hermano, el gran represor, lo conformamos todos al juzgar socialmente y tomar decisiones basadas en esa información. ¿Sufre Ivana P. las consecuencias de la publicación de una condena o el hecho -innegable- de que pocos avalan con hechos la opinión expresada de que quien ha cometido un crimen puede (y merece) pagar sus deudas y vivir una vida honrosa de allí en más? ¿El marido porque la mujer ha descubierto esa foto o la imposibilidad -de ambos- de reconstruir la relación luego de eso? ¿Sufre el joven por la aparición de una foto que lo muestra pasado de copas o por el prejuicio del empleador que infiere de ella que es una persona poco seria (y que opina que la competencia va de la mano de la seriedad)?

Si, como decía antes, errare humanum est, tal vez deberíamos preocuparnos menos por la disponibilidad de la información histórica acerca de grandes y pequeños errores y momentos poco afortunados que por la interpretación y el uso que cada quien hace de ella.

Si encontrar cierta información sobre una persona en la red nos parece escandaloso deberíamos pensar por qué, qué esperábamos encontrar, y qué nos dice el hecho de que la estemos buscando (y las decisiones que tomemos en base a ella) sobre nosotros mismos y nuestros propios prejuicios.