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miércoles, 14 de octubre de 2009

Huerfanitos.

Permítaseme un poco de humor gris tirando a negro.

En todo emprendimiento que venga pariendo software desde algún tiempo podremos encontrar desarrollos en diferentes estadíos de su camino hacia la obsolesencia: los hay desde embrionarios hasta mantenidos con vida artificialmente, pasando por recién nacidos encantadores que prácticamente no hacen nada por sí mismos, infantes con terribles rabietas que reclaman noches en vela, adolescentes indomables pero llenos de energía y posibilidades, adultos productivos e independientes y ancianos, venerables fuentes de sabiduría o mañosos insoportables cuyos achaques reclaman constante atención.

Y los hay huerfanitos, de todas las edades. Ya sea debido a que sus progrenitores hayan pasado a mejor vida o huido en estampida cual vil Frankenstein o desentendido de su cuidado o sido asesinados (o ajusticiados merecidamente), son usualmente víctimas de la indiferencia de los miembros del equipo de desarrollo.

Proliferan –me imagino, no me van a pedir rigor científico justo ahora-, más en consultoras que en empresas dedicadas a un producto o que en software factories. Supongo que porque las segundas cuidan mucho a su único hijo (o a lo sumo a sus pocos hijos) y las últimas son padres espartanos e inmisericordes que no tienen reparos en arrojar al abismo a sus vástagos más débiles, en el mejor de los casos, o madres de alquiler que paren a pedido y si te he visto no me acuerdo.

Pero si definimos como consultora a un emprendimiento que no sólo desarrolla un producto sino que también se hace cargo de su mantenimiento correctivo y mejoras funcionales (que cobra religiosamente), nos encontramos con que en este tipo de organizaciones no es tan sencillo dejar atrás las consecuencias de viejos errores… institucionalmente hablando, claro, porque sus integrantes intentarán hacerlo a toda costa (o serán eventualmente obligados a ello), y de ahí la proliferación de estos huerfanitos.

No es mi intención ser cruel inútilmente, hablo desde la experiencia: son peligrosos, créanme. Carentes y muchas veces necesitados de atención, se nos pueden pegar como garrapatas. Es así como, a través de una inocente tarea de instalación, un pequeño fix o una mejora estética nos encontramos siendo referentes, tutores, encargados, o directamente padres sustitutos de alguna de estas criaturitas de las que conocemos poco y nada.

El entorno no propicia el despegue. Si les toca transitar esta situación verán con horror como, aliviados al ver que a otro se le ha adjudicado el trasto, sus otrora solidarios compañeros de equipos evitan el tema (“y sí, alguien tenía que hacerse cargo”) o intentan naturalizarlo (“che, vos estabas con aquello de… ¿no?”), si no es que literalmente huyen despavoridos. Y no tardarán en aparecer problemas de los cuales, obviamente, nadie sabe nada y nadie nada quiere saber, salvo que tenemos que hacernos cargo.

¿Solución? Es aquí donde con un poco de demagogia podría decir que la única definitiva es adoptarlo, encauzarlo, educarlo, corregirlo, domarlo si es necesario para resolver el problema de una buena vez por todas… pero también es una posibilidad buscar a algún desprevenido, dejarle la canastita cerca, tocarle el hombro, voltear y caminar rápidamente sin mirar atrás, silbando bajito con aires distraídos.

martes, 16 de septiembre de 2008

Hasta el máximo nivel de ineficiencia.

El post de Enrique Dans, Departamentos de IT: recortando por arriba, me hizo recordar un ¿chiste? bastante conocido que rezaba:

"Un empleado asciende en la organización hasta alcanzar su máximo nivel de ineficiencia."

A ver: un joven recién salido del secundario ingresa a una gran corporación como cadete. El trabajo le queda chico y se desempeña por encima de la media. A medida que va cursando sus estudios va ascendiendo a través de diferentes funciones administrativas, en las que se desenvuelve maravillosamente.

Se recibe y título en mano se presenta al departamento de personal, y luego de un tiempo su labor es reconocida con un nuevo ascenso.

Y así siguiendo. El ya-no-tan-joven prospecto va subiendo por la pirámide enfrentando retos cada vez más desafiantes, que supera con soltura, digamos de manera brillante, hasta que...

Hasta que llega a un puesto en el que ya no es tan bueno... simplemente porque no estamos hablando de un genio ni nada por el estilo. El trabajo es difícil y su desempeño ya no es espectacular.

Pero mientras se desempeñe "bien" seguirá ascendiendo (probablemente en forma cada vez menos frecuente) pero su trabajo será cada vez menos espectacular, más bien tirando a mediocre o incluso malo. Si no es tan malo como para ser despedido (nadie baja), terminará estancado allí, en ese puesto donde ha alcanzado "el máximo nivel de ineficiencia soportable por la empresa".

Conclusión: coincido con el referenciado artículo de Robert X. Cringely, "Fire Your Boss: The best place to cut IT organizations is generally at the top". Hay que cortar por arriba.

jueves, 22 de mayo de 2008

Etapas de un proyecto.

No conocía la fuente, parece que era de Murphy, nomás:

  1. Ilusión.
  2. Desilusión.
  3. Pánico.
  4. Búsqueda del culpable.
  5. Castigo a los inocentes.
  6. Alabanzas a los no participantes.

(Traducido del libro: La ley de Murphy).