lunes, 27 de octubre de 2008

Motivación, motivadores y negociación.

Anda dando vueltas por ahí una pseudo-conversación alrededor de temas laborales tales como motivación, compromiso, proactividad/pasividad, etc. de la cual el link presentado es tan sólo una punta para quien quiera seguirla hasta su origen.

Voy a chapucear un poco, si me lo permiten. Tal vez ayude, y en todo caso no creo que moleste.

Como principio, hablemos de personas. Motivadores grupales... puede que existan, pero esa idea siempre me hizo ruido.

Por otro lado, ¿la motivación está en cada uno? ¿es responsabilidad de la empresa? ¿del empleado? Irrelevante. El punto es: ¿quién quiere que alguien haga qué? Bueno, de ese quién dependerá lograr que ese alguien haga eso, ya que es lo que quiere.

Motivar es, de alguna manera, darle a otra persona lo que quiere para que haga lo que nosotros queremos. Pueden limarse las aristas, pero en el fondo es eso.

Así que la primera pregunta es ¿qué es lo que quiere?

Se dice por allí que una de las cuestiones más difíciles es determinar cuáles son los motivadores de cada persona. Porque cada quien se sentirá más o menos afectado por alguno en particular. Básicamente los motivadores son combinaciones de: poder, para decidir, para mandar, para obtener resultados; prestigio, reconocimiento, atención; orden, hacer las cosas "como deben hacerse", "hacer las cosas bien" y, por supuesto, riqueza, en todas sus formas.

¿Difícil? Es lo más fácil del mundo. Hay que preguntarle.

Lo anterior fue claramente irónico. Pero no tanto. Realmente la mejor manera de determinar qué es lo que motiva a una persona es preguntándole. El problema es que si no lo hacemos en un ambiente en donde esa persona se sienta libre de responder sinceramente obtendremos alguna de las clásicas respuestas enlatadas que todo el mundo conoce y sabe dar cuando es necesario.

Un truco que aprendí con el tiempo es que a veces es más fácil hacer que alguien hable sobre aquello que lo desmotiva que sobre aquello que lo motiva. Es decir, y esto es más o menos universal: nos encanta quejarnos. En todo caso, si alguien no quiere hablar de motivaciones, seguro querrá hacerlo de desmotivaciones, y viceversa.

Incluso cuando obtenemos una "respuesta enlatada" la selección de la "lata" nos dice mucho sobre las motivaciones de la persona. ¿Qué tipo de motivación "enlatada" menciona?

El segundo método es la observación directa. ¿Hablamos de una persona extremadamente ordenada? ¿Obsesivo de la calidad de los resultados? ¿Que todo se haga de determinada manera? Tal vez lo motive "presentar un trabajo bien hecho". ¿Es una persona sociable? ¿Se preocupa por el qué dirán? El prestigio social, el reconocimiento. ¿Es un tipo mandón, con vocación de líder, que quiere algo a toda costa? El poder. ¿Siempre dispuesto a ayudar, apoyando a los demás? El trabajo en equipo, el compañerismo, la pertenencia a un grupo.

El tercer y último método es el clásico prueba y error, y es el más complicado de todos. Implica presentar diferentes zanahorias y ver en cuál se apunta. No es muy recomendable.

Determinada esa cuestión, sin la cual no podemos continuar, tendremos que preguntarnos cómo conseguir aquello que la persona quiere. ¿Poder? Libertad de acción. ¿Reconocimiento social? Honores, premios, o una simple alabanza en público con cualquier excusa. ¿Hacer las cosas bien? Dejarlo que trabaje como quiera, felicitarlo y hacer notar que apreciamos un trabajo bien hecho, por más simple que sea.

Creo que siempre quedan algunos puntos grises.

Este tipo de motivadores no reemplazan al principal de todos en una relación laboral: un salario al menos acorde al mercado. Puede compensarse cierta escasez en la retribución económica con este tipo de cosas, pero... seamos realistas, por la moneda baila el mono.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que las negociaciones son constantes, eternas y continuas. Cada parte -empleado y empresa, jefe y subordinado- tomará lo que la otra ceda como una base para ir por más. ¿Eso implica que no hay que ceder nunca? La mejor forma de mantener el status quo no es frenar cualquier reclamo o cambio mientras la presión se acumula, sino balancearse sutilmente de un lado a otro, ora exigiendo, ora cediendo, siempre alrededor del mismo punto.

Negociar. Todo es, finalmente, negociar. ¿Queremos compromiso? Como si fuera una mercadería cualquiera: mitad del pago ahora, mitad al momento de la recepción. ¿En qué moneda se paga? En aquélla que tenga valor para "el motivado".

Escribiendo todo esto recuerdo cuánto aborrezco todas estas "técnicas de manipulación motivación". Tanto más en cuanto más efectivas me parecen... En lo personal, trato de olvidarme de lo aprendido y tratar de ser insoportablemente espontáneo y natural, por lo menos en tanto no me encuentre en posición de tener que negociar la obediencia o el compromiso de los demás (no estoy seguro de querer estar en esa posición, realmente)... El trabajo asalariado es una institución tan perversa extraña... ¿se pusieron a pensar en eso?

Pero eso ya es tema de otro post.

2 comentarios:

lboisset dijo...

Vaya Andrés, te has soltado. Tienes razón en lo que planteas de como motivas a una persona.

Desde la perspectiva de motivas a un individuo en una estructura que funciona perfecto.

Pero cuando tienes que responder en grupo es cuando se complica. Cada uno tiene sus motivaciones y al final las acciones tienen que ser generales: flexibilidad horaria, bonus por resultados, etc. Son "mejoras" genéricas. Si la cuestión es que todos las reciben con las manos abiertas, y asienten a tus palabras de equipo, compromiso, lograr el objetivo.

A las 18h ya estás solo. Esto....

AcP dijo...

Tal vez lo necesario sea algo más formal, menos "de palabra"... "flexibilidad" sí, pero un par de días a la semana... "mejoras", ok, pero tanto por ciento del bonus queda comprometido al cumplimiento de cierta fecha... "trabajo de equipo", bárbaro, pero todos quedan atados al mismo cubo de cemento, "formación", de 10, pero te comprometes a X meses de permanencia... y así siguiendo. "Toma y daca", que le decimos por acá.

Eso me hace acordar, tangencialmente, cuántas veces se ha repetido por estos lares, "a las palabras se las lleva el viento"...