Hablamos de desarrollo de software, y de cualquier cosa que venga a cuento de eso.
Un poco en joda, un poco en serio, depende el humor del día.

lunes, 2 de febrero de 2009

Frankenstein, el líder de proyecto (V).

ATENCIÓN: ¡No sigas si no has leído la cuarta parte! Y si no has leído nada empieza por el principio.


[Resumen: Frankenstein -en base a datos recabados mediante espionaje- elimina distracciones e implanta rigurosos sistemas de control en la oficina. Luego ajusta la planificación del proyecto. Una semana después los resultados son más que satisfactorios y decide presentarlos en una reunión con sus equipos a la que invita a superiores y jefes de otras áreas.]

Pasaron dos semanas. Cada Viernes Frankenstein comparaba, calculaba desvíos y ajustaba sus números, que resultaban cada vez más exactos.

Viernes. Estudio. Silencio. Noche. Perfección. Frankenstein se acomodó frente a la pantalla. La planilla de planificación iluminaba en tonos de verde la habitación en penumbras. Ingresó los datos con la tranquilidad de quien disfruta intensa y lentamente la proximidad del momento en el que los logros se muestran plasmados en números perfectos.

Presionó “Calcular”. La habitación explotó en tonos anaranjados y las paredes sangraron un rojo furioso. No sólo no había avance en la semana, sino que varias tareas cerradas volvieron a tonos alarmantes al ser reportadas como fallidas. Los números eran feroces, los desvíos amenazantes, la productividad negativa.

¿Qué sucede? Algo se ha roto. ¿Qué? ¿Dónde? ¿Cómo saberlo? Tenía que hablar con sus equipos. ¿Esperar al Lunes? Imposible, imposible.

Y sin embargo esperó. Tuvo que esperar recorriendo su estudio como un tigre enjaulado, absorto en oscuras cavilaciones y distraído de todo lo que lo rodeaba.

Tuvo que esperar luego de llamar a uno, a dos y tres de los más antiguos de cada equipo y de recibir no una ni dos, sino tres respuestas más o menos iguales: “No me vas a joder también el fin de semana con tus problemas”.

Eligió a tres de los desarrolladores más retrasados y planificó con ellos una reunión de emergencia para el Lunes. Escribió con tristeza “Tiempo: indefinido”. Y esperó.

Decir que el Lunes se despertó temprano implicaría que Frankenstein en algún momento durmió, lo que no es del todo exacto. Luego de unos instantes de oscuridad simplemente abrió los ojos. Se encontraba en la oficina frente a sus tres colaboradores, que esperaban en silencio. “¿Qué pasó?”. Uno de ellos tomó la palabra.

Antes que nada quiero decirte que el mes que viene comienzo en un nuevo trabajo y que esto es una decisión tomada. Te lo digo para que entiendas que hago una crítica constructiva, que la hago porque creo que sos un buen líder y buen compañero de equipo y porque creo que no sos terco y que podés aprender de esto.

No somos máquinas. Yo no quiero ni puedo trabajar así y los demás tampoco. Soy el primero que se va porque tengo una buena oferta, supongo, y sólo por eso. En algún momento se van a ir todos los que puedan y los que queden van a trabajar lo mínimo posible para apretar el botón de “tarea completada”. No porque sean vagos sino porque no hay motivos ni medios para hacer otra cosa. Al fin y al cabo, eso es lo que les estás pidiendo ¿no?

El proyecto está híper-segmentado y el tiempo para cada tarea asignado al segundo. Por más que se nos ocurra una forma mejor de hacer cualquier cosa, implementarla lleva tiempo (así sean 20 minutos) y ese tiempo no está asignado, es un desvío. Si nos desviamos nos penalizás en la evaluación.

De todas maneras tampoco se nos ocurre ninguna forma mejor de hacer nada porque no tenemos tiempo para pensar. No puedo pensar con esa barra de progreso diciéndome que tengo 32 minutos para terminar lo que estoy haciendo. No puedo pensar mientras miro fijo la pantalla, y no puedo pensar después de un día de poner bloque sobre bloque de código sin ver más allá de esos próximos 32, 46, 12 o 7 minutos.

Estamos alienados. Cada día nos despertamos más cansados que la noche anterior. Estamos embotados, encerrados, aburridos y deprimidos. No hay forma de descansar, no hay forma de parar, de distraerse, de relajarse. Es completar la tarea o mirar la pared, ya no hay nada más que hacer porque toda distracción fue suprimida o es censurada.

Y hay algunas tareas que no podemos resolver bien. Cosas que no sabemos hacer y no tenemos dónde buscar referencias ni a quién preguntarle. Tampoco hay ganas. Investigar, consultar con un amigo, probar una solución… eso lleva tiempo y esfuerzo, y no hay nada de eso.  Además ya no estamos en los foros, ya no participamos ni nos enteramos de nada nuevo. Acá no podemos hacerlo, y cuando llegamos a casa lo último que queremos es tocar un teclado.

¿Para qué dar más de lo que quiere esa barra? Al fin y al cabo si completamos cada tarea cumplimos con el proyecto, si hacemos las cosas tal cual están especificadas y el sistema no funciona ¿qué importa? Sabemos cuáles son los errores pero no ganamos nada con corregirlos. De hecho perdemos, porque no cumpliríamos ni con las tareas ni con los tiempos. Si cumplimos pero no funciona al menos no será por culpa nuestra.

Por este camino vas a tener el sistema exactamente en el momento en el que lo planeaste… pero no creo que funcione. Tenés que corregir esto antes de que sea tarde.”

Frankenstein no era terco ni lento. Un par de días después todo estaba como antes. A fin de mes el programador se fue pero con un apretón de manos y dejando sus cosas en orden. La planilla siguió en su rojo habitual, pero al menos el proyecto avanzaba.

En su estudio, recostado en un sofá de cara a la pared, mirando distraídamente hacia el infinito, se perdía en un laberinto de preguntas sin respuesta.

“…la solución no funcionó, pero el problema es ése, sigue siendo el mismo: las personas no siguen con la planificación…

…el problema es que… no es que no la siguen porque no quieran, sino porque no pueden. No pueden hacer las cosas bien todo el tiempo… ¿entonces?…

…la planificación está bien. La revisé a partir de los datos de cada segundo de cada persona…

…si la planificación está bien, las personas están mal… si éstos programadores no pueden hay que encontrar a quien pueda… ¿dónde?…

…nadie puede… si no existe esa persona… si no existe… lo que no existe… lo que no existe se crea…”

…continuará. Actualización: capítulo VI.

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1 comentario:

Senior Manager dijo...

Es evidente que el exceso de control lo están vendiendo como una herramienta para controlar la productividad, pero en el momento en que el empleado la percibe como intrusiva, los efectos positivos se vuelven contraproducentes y el resultado es negativo.
la verdad es que la historia está bastante interesante, sobre todo, por que una vez fui un poco parecido al Frankenstein ese (lo confieso), pero he aprendido de mis errores y ahora ese pasado es una anécdota más que te hace crecer como tantas otras...
Slds
SM